El ser docente y el exterminio de la motivación

Tomate un momento, cerrá los ojos y pensá en algún profesor que te haya marcado. No hay dudas de que en la memoria de cada uno, por lo bueno o malo que tuvo esa experiencia, hay un lugar para los docentes que acompañan gran parte de tu vida educativa.

No es novedad que la educación, especialmente en nuestra madre patria, se encuentra estancada y sin atisbo de crecimiento. Edificios antiguos y austeros que se caen a pedazos como el sistema educativo mismo son solo una parte clara del deterioro actual, donde no termina de morir lo ‘antiguo’ y no termina de afianzarse lo ‘nuevo’.

La influencia que los docentes tenemos sobre cada uno de los alumnos que pasan por nuestras manos, sea positiva o negativa, sera determinante en el futuro educativo, laboral y diario de los mismos.

Este articulo, originalmente escrito en el Blog “MiDietaCojea.com” en el año 2012, dedica sus palabras a describir lo aburridas y desmotivantes que son las clases en la actualidad, especialmente en la formación superior (terciaria y universitaria) donde muchas veces se limita el concepto de educación a “traspaso de conocimiento”, acrecentando la deserción universitaria.

Hoy me ha vuelto a pasar, he agachado la cabeza y simplemente lo he encajado como otras tantas veces, no tenía ganas de discutir, probablemente me esté inundando de nuevo la desilusión…

Llevo años intentando engañarme a mí mismo, pienso y me digo mentalmente “son unos pocos docentes”, “no son todos así” pero ya van muchas veces. De nuevo, hoy, 80 personas se han puesto a copiar un texto que estaba proyectado en la pared; de forma simultánea podemos escuchar durante 60 minutos como una voz se limita a leer en voz alta esas frases, una vez, y otra segunda más despacio.

El rebaño lo copia, y pasamos a la siguiente diapositiva, los minutos se consumen poco a poco… otra hora desperdiciada, la oportunidad que nos brinda juntarnos casi 100 personas con algo de trayectoria en la espalda se esfuma. Un nuevo cartucho docente desperdiciado. Aburrir en una clase es un crimen. Power point malo En mi vida universitaria he estado gran parte sentado en aulas, gradas, bancos, taburetes de laboratorio. Intentando sacar provecho de esas horas cargadas de pasividad. He probado distintos formatos docentes: prácticas sin sentido, seminarios que se limitan a cambiar de aula y dividir la clase en dos; debates que en realidad eran clases magistrales… me he metido en la piel de estudiante universitario a todos los niveles: diplomatura, grado, licenciatura, máster y doctorado. Ahora sigo formándome para poder ofrecer mañana cosas distintas a las que me han brindado la gran mayoría de mis docentes.

Seis años, distintas titulaciones, diferentes universidades, empezando nuevos proyectos con ilusión, y la amarga realidad vuelve a alzarse ante mis ojos. Excusas, excusas baratas para justificar prácticas muy recurridas, antipedagógicas a todos los niveles, transparencias desactualizadas, diapositivas soporíferas o incapacidad docente. Casi todas relacionadas con la pasividad o el egoísmo. Sí, egoísmo; ese sentimiento que te transmiten cuando ver una clase llena, callada y escribiendo es más importante que los conocimientos que haya dentro de las cabezas.

Si hay una práctica que me duele en el alma, es la de ir a clase para copiar, una hora dedicada a escribir en un papel palabra por palabra lo que un docente lee de sus diapositivas nivel amateur. Inocentemente, alguien levanta la mano por el bien de las muñecas colectivas, se le ha ocurrido que a lo mejor atendiendo a las “explicaciones” podemos estar más relajados y darle vueltas al coco.

-“Disculpe, ¿va a compartir las diapositivas? ¿estarán disponibles los apuntes?” -“No, porque si no, no me escucháis.”

La contestación más adecuada ante esa observación debe ser “Efectivamente, si tus clases se van a limitar a repetir 3 veces cada una de esas frases, sin ampliar ningún dato adicional, sin dar un atisbo de relación con la realidad… nos ahorramos todos el esfuerzo”.

Entre esta colección de docentes también podemos deleitarnos con la fobia a la tecnología, hoy se ha juntado todo, y de paso nos hemos dado de bruces con la reticencia a tener ordenadores en clase justificado en “Porque no puedo saber qué estáis haciendo con ellos, si tomando apuntes o haciendo otra cosa…”.

Iluso de mí, personalmente desconocía que el folio en blanco y un bolígrafo eran garantía de atención y aprovechamiento. La creatividad remanente en nuestros secos cerebros probablemente permita a los alumnos inventarse un “ahorcado” o un laberinto a pesar de no contar con un portátil delante, y si no, podrían pintar símbolos fálicos en los bordes de la hoja.

Pérdida tiempoA lo mejor el que está loco soy yo, que le tengo un aprecio especial a mi tiempo; ese mismo que podría dedicar a mejores tareas investigadoras que a transcribir lo que escucho.

Creo firmemente en la docencia y en la educación, es más, amo la educación, le dedico toda mi dedicación voluntaria, y por ello me fastidia que la docencia universitaria me siga desilusionando tanto. Ya sea desde una pizarra, a los mandos de un ordenador pasando diapositivas, o al lado de un proyector de transparencias, no soporto ver como se destripan disciplinas maravillosas, haciéndolas cruelmente intragables y se reduce la motivación del alumnado a un cero absoluto.

Esto es la pescadilla que se muerde la cola, no sé si la desmotivación docente provoca la del alumnado, o viceversa. Pero me amarga llegar a clase y ver a 80 personas y a una con bata sentir que los próximos 60 minutos que tienen por delante van a ser una obligación.Relación Profesor alumno

La cuna del conocimiento, el “Alma mater”, ese término que pretende significar “un todo, algo universal, unidad”. Esa institución que aspira a formarnos como profesionales y personas. Cada día me toca más… la  moral.

Año a año descubro docentes muy buenos, pero la rutina en lo malo es una constante. Mi más profundo respeto a aquellos y aquellas que habéis conseguido que hoy esté aquí, y los que me motivan día a día; al resto simplemente recordadles que esto de transmitir es más complicado que superar un peer review.

A pesar de que el articulo refiere exclusivamente al nivel universitario, la problemática planteada excede barreras. Todo el sistema educativo, desde nivel inicial hasta el universitario se encuentra con esta dificultad, abarcando todo tipo de materias. Ningún docente esta exento de poder ser el culpable de la desmotivacion de sus alumnos.-



Por Julian Beviacqua
Prof. Nac. de Educación Física
@jubevia

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8 comentarios en “El ser docente y el exterminio de la motivación

  1. Muy buena nota. Lo he visto mucho en la facultad (sobre todo en mi experiencia en la UBA) y es una realidad innegable.

  2. Si más profesores se dedicaran a la docencia como una forma de continuar aprendiendo, si lo entendieran como una actividad autotélica, los alumnos también entenderían que aprender no es una obligación, si no un método de ser mejores,de crecer

  3. I guess something is missing in the education todays, some basic instinct—the art of ‘questioning’ (thinking). But then again, maybe that’s just me. 🙂

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